El 1 de febrero de 2026, el mercado de criptomonedas registró una jornada de caídas generalizadas en los principales activos digitales, reflejando la alta volatilidad que caracteriza a estos instrumentos financieros. A pesar de las fluctuaciones, un número creciente de inversionistas continúa apostando por las criptomonedas, motivados por el interés en mediano y largo plazo, y por el interés de algunos gobiernos y personajes públicos en adoptar estas monedas digitales como medio de pago legal.
El mercado sigue siendo muy dinámico: Bitcoin se cotiza en 78,378.11 dólares, con una caída del 0.31%; Ethereum registra un valor de 2,386.3 dólares, con una reducción del 2.4%; Tether mantiene su valor en 1 dólar, con ligeras variaciones del 0.07%. Por otro lado, Binance Coin (BNB) tiene un precio de 768.88 dólares, con un descenso del 10.31%; Litecoin se sitúa en 58.81 dólares tras una caída del 10.01%, y Dogecoin, impulsada por Elon Musk, cotiza en 0.1 dólares, con una disminución del 9.37%.
Estas fluctuaciones ocurren en un contexto de mercado descentralizado que funciona mediante la tecnología blockchain, la cual garantiza la seguridad y transparencia en las transacciones. La blockchain, un registro digital distribuido, permite verificar cada operación, agrupándolas en bloques que conforman una cadena inmutable, además de emplear criptografía para proteger la privacidad y autenticar las transacciones.
Las criptomonedas utilizan procesos como la minería, en algunos casos, para validar movimientos en la red, recompensando a los mineros con nuevas monedas. La oferta limitada de muchas de ellas busca evitar la inflación y mantener su valor a largo plazo. Los usuarios almacenan sus fondos en carteras digitales, que pueden ser en línea, de software o hardware, y utilizan claves públicas y privadas para recibir y gestionar sus activos.
Desde una perspectiva regulatoria, en México, el Banco de México ha declarado que ninguna institución del sistema financiero podrá realizar operaciones con criptomonedas. Sin embargo, empresarios como Ricardo Salinas Pliego han mostrado interés en adoptar estas monedas en algunos de sus negocios.
En otros países latinoamericanos, las actitudes varían: en Perú, el Banco Central trabaja en un proyecto de moneda digital propia; en Colombia, más de 500 sitios permiten pagos con criptomonedas, situando al país en el puesto 14 en adopción en la región. En Centroamérica, El Salvador perdió en enero de 2025 el estatus de moneda de curso legal del Bitcoin, tras una reforma legislativa respaldada por el gobierno.
Para crear una criptomoneda, es necesario definir si se busca desarrollar un token o una moneda. La primera utiliza su propia blockchain, mientras que la segunda se apoya en redes existentes, como Ethereum o Binance Smart Chain. La creación requiere de conocimientos técnicos y recursos financieros, y es crucial evaluar su utilidad legal y funcional antes de proceder.