Las familias en la región de Zaporizhzhia, Ucrania, siguen evacuando sus hogares debido al avance de las fuerzas rusas, en un contexto marcado por la intensificación de los bombardeos y el deterioro de la seguridad. Una de las personas evacuadas explicó que su decisión se basa en la necesidad de proteger a los niños y garantizar condiciones de vida seguras, especialmente después de que tres casas fueran destruidas en su pueblo. La situación se agrava con la llegada de tecnología militar sofisticada, como drones controlados mediante fibra óptica, lo que eleva los riesgos en la zona. Los residentes, en su mayoría personas mayores, expresan miedo ante la posibilidad de morir en medio del conflicto, y relatan cómo la destrucción y el peligro han cambiado radicalmente su cotidianeidad. La infraestructura eléctrica también sufre daños severos, obligando a los servicios públicos a restablecer y desconectar el suministro de energía repetidamente, en medio de constantes ataques de Rusia. A nivel personal, las dificultades se reflejan en testimonios como el de Dolotova, quien cuida de sus hijos en un edificio sin calefacción y con las escaleras dañadas, mientras su esposo combate en uno de los sectores más peligrosos de la guerra. Ella espera su regreso con esperanza, contando los días para reunirse con su esposo y salvar a su familia del conflicto. La situación en Zaporizhzhia revela el creciente desplazamiento interno y la pérdida progresiva del territorio, mientras la población enfrenta la doble amenaza de la violencia y la destrucción de infraestructura básica, en un escenario que evidencia la gravedad de la crisis humanitaria en Ucrania.