Un reciente informe de 'The Conversation' revela que los entornos rurales en México no están exentos de tóxicos ambientales, desafiando la creencia popular de que la contaminación es exclusiva de las zonas urbanas. Según el especialista Óscar Pindado Jiménez, doctor en Química Analítica y miembro del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), sustancias peligrosas como hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) y residuos de antibióticos también están presentes en el aire y suelo rural, a menudo en niveles comparables a las ciudades.
Este hallazgo se atribuye en parte al humo de chimeneas en zonas rurales y a la utilización de estiércol y purines en la agricultura, que contienen hasta el 80 % de los medicamentos administrados a los animales, y que terminan en los campos como fertilizantes. La contaminación por antibióticos también proviene del agua residual de ciudades y de tratamientos médicos, con aproximadamente 8,5 mil toneladas de antibióticos, solo en ríos a nivel global, llegando cada año a los ecosistemas rurales.
La presencia persistente de estos compuestos favorece el desarrollo de resistencia antimicrobiana en las bacterias, comprometiendo la eficacia de los tratamientos médicos y afectando toda la cadena alimentaria y la salud pública en general. Además, sustancias como pesticidas y plastificantes, incluidos bisfenol A y ftalatos, representan un riesgo potencial al alterar el sistema endocrino de humanos y animales.
Detectar estos contaminantes en el ambiente presenta desafíos técnicos. Los métodos tradicionales, como el análisis dirigido, son limitados para detectar la gran variedad y bajas concentraciones de compuestos. Por ello, ahora se utilizan tecnologías como la cromatografía y la espectrometría de masas en análisis no dirigidos, que permiten identificar en una sola muestra cientos de sustancias diferentes.
El investigador Jiménez explica que esta técnica es comparable a lanzar una enorme red en un lago para captar múltiples especies en lugar de una sola: 'Hemos dejado de buscar en la oscuridad, pero aún enfrentamos la tarea de gestionar la avalancha de residuos invisibles que amenazan tanto la salud como la biodiversidad en zonas rurales'. La implementación de estas metodologías modernos es clave para entender y controlar la presencia de tóxicos en todos los ecosistemas.