Los cálculos renales son una de las afecciones urológicas más comunes en adultos, caracterizadas por formaciones sólidas de minerales y sales en los riñones o vías urinarias. Estas formaciones, conocidas como 'piedras', pueden variar en tamaño y bloquear el flujo urinario, ocasionando dolor intenso y complicaciones. Según MedlinePlus, estos cálculos pueden permanecer en los riñones o desplazarse hacia uréteres, vejiga o uretra, presentando síntomas que van desde molestias leves hasta episodios de dolor agudo. Los principales tipos de cálculos renales incluyen los de calcio, ácido úrico, estruvita y cistina. La variedad más frecuente es la de calcio, normalmente relacionada con oxalato, sustancia presente en diversos alimentos. Otros tipos, como los de ácido úrico, están vinculados a orinas más ácidas, mientras que los cálculos de estruvita aparecen en casos de infecciones urinarias, y los de cistina en personas con condiciones hereditarias. Para quienes han experimentado cálculos renales, la prevención y el cuidado personal son fundamentales. MedlinePlus recomienda mantener una hidratación adecuada, que favorece la dilución de la orina y reduce la formación de cristales. El agua es la mejor opción y, junto con bebidas como soda de jengibre, refrescos de lima-limón o jugos naturales, ayuda a mantener la orina de color claro, indicador de buena hidratación. Se recomienda limitar el consumo de bebidas con cafeína, ya que pueden acelerar la pérdida de líquidos y promover la formación de cálculos. La cantidad de agua necesaria para producir al menos dos litros de orina en 24 horas varía según peso, actividad física y clima, pero en general, se aconseja consumir entre 2 y 3 litros de agua al día. Además, una dieta equilibrada ayuda a prevenir recurrencias: en casos de cálculos de calcio, se sugiere reducir el consumo de oxalatos; para los de ácido úrico, evitar alcohol, espárragos, carnes de órganos, sardinas y espinaca, y limitar las grasas, favoreciendo carbohidratos complejos. La atención médica continúa siendo esencial para ajustar la dieta y la cantidad de líquidos según las necesidades individuales. Es importante consultar a un profesional ante síntomas como dolor intenso, sangre en la orina, fiebre o vómitos. La atención temprana puede prevenir complicaciones y favorecer una mejor recuperación.