La popularidad de las freidoras de aire en cocinas mexicanas ha crecido por su eficiencia y rapidez en la preparación de alimentos con menos aceite. Este electrodoméstico no solo permite cocinar de manera saludable, sino que también se presenta como una alternativa energética más eficiente en comparación con métodos tradicionales como el horno. En tiempos donde la sustentabilidad y el ahorro en energía son prioritarios, aplicar ciertos trucos puede optimizar su funcionamiento y disminuir costos.
Las freidoras de aire, aunque tienen menor capacidad que los hornos convencionales, ofrecen una cocción rápida y uniforme gracias a su tamaño compacto y circulación óptima del aire caliente. Aunque su consumo puede ser ligeramente mayor que otros electrodomésticos como microondas o ollas de presión, su versatilidad y calidad justifica su uso si se emplean estrategias que reduzcan el gasto energético.
Entre las recomendaciones principales se encuentra aprovechar toda la capacidad de la cesta sin saturarla, lo cual garantiza una circulación efectiva del aire y evita desperdicio de energía. Asimismo, usar los programas preestablecidos ajusta automáticamente tiempo y temperatura, facilitando una cocción eficiente sin errores que puedan incrementar el consumo.
Mantener la limpieza del aparato también contribuye a su eficiencia, ya que la acumulación de grasa o suciedad obstaculiza la circulación del aire, alargando el tiempo de cocción y elevando el gasto energético. Además, cocinar varios alimentos simultáneamente en la freidora ayuda a reducir el ciclo de uso y, por ende, el consumo.
Es importante elegir una freidora con capacidad acorde al tamaño del hogar: modelos de 2 a 3 litros son ideales para uno o dos integrantes, mientras que familias mayores pueden optar por capacidades superiores, siempre ajustando el tamaño a las necesidades reales. También resulta recomendable precalentar solo en casos necesarios, reservando esta práctica para recetas que requieran una cocción más pareja.
Distribuir los alimentos de manera uniforme y evitar sobrecargar la cesta impide una cocción desigual y fomenta un menor consumo energético. Cuando se aplican estas estrategias, no solo se logra cocinar de forma más eficiente, sino que también se contribuye al cuidado del medio ambiente y al ahorro en la factura eléctrica, promoviendo estilos de vida más sostenibles en la economía doméstica.