En 2005, Marvel Studios tomó una decisión estratégica al elegir a Iron Man como el primer superhéroe en protagonizar su próximo universo cinematográfico, una acción clave para definir el futuro de la franquicia. La compañía realizó una innovadora consulta a niños, preguntando con qué personaje favorito les gustaría jugar, en lugar de enfocarse directamente en opciones para cine o mercado adulto. Los resultados señalaron a Iron Man como el favorito, impulsado por su atractivo visual y su capacidad de volar y lanzar rayos, lo que lo convirtió en una figura irresistiblemente popular entre los menores.
Este interés infantil no solo influyó en la narrativa de la película, sino que también respondía a la estrategia comercial de Marvel: dominar el mercado de juguetes y productos de merchandising. Con una producción liderada por Kevin Feige y la dirección de Jon Favreau, la elección de Robert Downey Jr. para interpretar a Tony Stark fue crucial, tras rechazarse inicialmente a Tom Cruise para el papel. La alineación de un elenco de peso, incluyendo a Jeff Bridges y Gwyneth Paltrow, contribuyó a la buena recepción de la película.
Asimismo, la decisión de Sony de rechazar una oferta de adquirir los derechos de todos los personajes de Marvel por 25 millones de dólares influyó en el desarrollo del universo, privando a la compañía de jugar un papel central en la expansión del fenómeno. Todo esto consolidó la posición de Iron Man como pionero en un nuevo modelo de producción, que combina la taquilla con la venta de artículos, y sentó las bases para el éxito global del Universo Cinematográfico de Marvel.