Cómo funciona el amor: una visión desde la biología, la neurología y la sociedad

14/02/2026 05:00 | 2 min de lectura

Cómo funciona el amor: una visión desde la biología, la neurología y la sociedad

El amor, tradicionalmente percibido como una experiencia mágica e intensa, es en realidad un proceso complejo que involucra aspectos biológicos, neurológicos y sociales. Aunque comúnmente se le asocia con las 'mariposas en el estómago', la ciencia ha demostrado que enamorarse activa circuitos cerebrales relacionados con la supervivencia y la formación de vínculos. La antropóloga y bióloga Helen Fisher describe el amor romántico en tres etapas principales: deseo, atracción y apego. En la primera, las hormonas sexuales como la testosterona y el estrógeno impulsan la atracción física y el impulso reproductivo. La segunda, la atracción, se caracteriza por la liberación de dopamina y norepinefrina, sustancias vinculadas con el placer, la energía y la obsesión, activando regiones cerebrales relacionadas con la recompensa. La fase de apego, que busca promover vínculos duraderos, involucra hormonas como la oxitocina y vasopresina, que favorecen la estabilidad emocional y el compromiso a largo plazo. Estudios con resonancia magnética indican que estas respuestas cerebrales son universales, sin importar la orientación sexual. Además, diferentes formas de amor reconocidas desde la Antigua Grecia —como Eros, Philia, Storge, Agape y Pragma— reflejan variados equilibrios neuroquímicos y tipos de vínculo. Sin embargo, el amor no se reduce a lo biológico. La profesora Tania Rocha advierte que el amor romántico también es un constructo social, influenciado por normas, valores y relaciones de poder, que puede perpetuar estereotipos sexistas y heteronormados, incluso en relaciones diversas. La construcción del amor en la sociedad moderna también ha sido conceptualizada como 'amor líquido' por Zygmunt Bauman, describiendo vínculos frágiles y efímeros en un contexto donde las relaciones pueden ser desechables. En conclusión, el amor es una experiencia integral que combina reacciones químicas, experiencias personales y condicionamientos culturales. La conexión que el cerebro busca y mantiene depende tanto de las hormonas como de las reglas sociales aprendidas, demostrando que amar no solo es sentir, sino también construir vínculos sostenidos y conscientes.

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