CIA, Pentágono y Gobierno noruego investigan dispositivo secreto vinculado al síndrome de La Habana en Noruega

14/02/2026 11:00 | 3 min de lectura

CIA, Pentágono y Gobierno noruego investigan dispositivo secreto vinculado al síndrome de La Habana en Noruega

Un científico del Gobierno noruego desarrolló en 2024 un dispositivo basado en pulsos de microondas para demostrar su supuesta inocuidad, pero la prueba le provocó síntomas neurológicos similares al síndrome de La Habana, según fuentes confidenciales. La historia revela una nueva línea en la investigación que lleva más de una década sobre las causas de los efectos duraderos en víctimas en todo el mundo, como problemas cognitivos y mareos, relacionados con estos incidentes de salud anómalos en personal diplomático y espías estadounidenses.

El experimento secreto, que solo salió a la luz recientemente, fue divulgado por dos fuentes que aseguran que el Gobierno noruego notificó a la CIA los resultados, lo que llevó a visitas del Pentágono y la Casa Blanca a Noruega en 2024. Aunque no se ha comprobado que los efectos sean obra de un adversario extranjero, la evidencia indica que dispositivos de energía pulsada —máquinas emisoras de energía electromagnética en ráfagas cortas— podrían afectar la biología humana y estar siendo desarrollados por potenciales enemigos.

El ex especialista de la Fuerza Aérea y actual cirujano militar retirado Paul Friedrichs afirmó que existen motivos para preocuparse por armas de energía dirigida que puedan poner en riesgo la salud de las personas, aunque evitó comentar sobre el experimento noruego. La administración Biden, que asumió con una postura activa contra los incidentes, ha retrasado una revisión oficial de los hechos, que ahora se enfoca en la gestión del tema por parte de la actual gestión.

Paralelamente, el gobierno de EE. UU. adquirió en secreto un dispositivo extranjero que genera ondas de radio pulsadas, con componentes rusos, aún sin determinar su origen exacto. La compra, revelada por la CNN, fue realizada al final del mandato de Biden y se encuentra en pruebas por parte del Departamento de Defensa, sosteniendo la hipótesis de que estos dispositivos podrían estar vinculados a los incidentes de salud.

La construcción del dispositivo noruego, basado en información clasificada, genera sospechas de que fue derivado de planos obtenidos de un país extranjero, en contraste con el equipo adquirido por EE. UU., que no es idéntico. Además, en las últimas semanas, agencias de inteligencia estadounidenses actualizaron su evaluación y concluyeron que algunos incidentes podrían ser obra de actores extranjeros, incluyendo a Rusia, con lo que cambian la postura anterior que descartaba esta posibilidad.

Aunque la mayoría de las agencias, como la CIA y la NSA, consideran improbable que un adversario tenga la tecnología para causar estos efectos, algunos expertos y víctimas creen que las evidencias parecen apuntar a que países como Rusia podrían estar desarrollando capacidades similares. Esto obliga a reconsiderar las hipótesis iniciales y a entender la situación como posible avance de armas de energía dirigida.

Desde la aparición del síndrome de La Habana en 2016, que afectó a empleados de la embajada estadounidense en Cuba y posteriormente a personal en distintas partes del mundo, las sospechas de ataques con tecnología de energía dirigida han ido creciendo. Casos documentados en China, Europa y en viajes de agentes, como el del ex director de la CIA William J. Burns, indican una tendencia preocupante.

Las investigaciones permanecen bajo estricta confidencialidad, pero algunos testimonios, como el del teniente coronel retirado Chris Schlagheck, quien sufrió síntomas en 2020 tras presenciar actividades de un vecino ruso, evidencian la continuidad de los incidentes.

Mientras tanto, la comunidad de inteligencia ha tenido varias evaluaciones contradictorias. En 2022, un panel de expertos sugirió que la energía electromagnética podría explicar algunos de los síntomas, en contraste con la posición oficial que negó la participación extranjera. Sin embargo, en 2023, las agencias reforzaron la hipótesis de que no existía evidencia concluyente de un adversario externo.

A fines de 2024, en el marco de cambios políticos, funcionarios de la Casa Blanca admitieron menores dudas, incluso expresando públicamente su creencia de que algunos casos podrían estar relacionados con factores externos, sin descartar completamente la participación de actores extranjeros. Esto refleja una evolución en la percepción oficial sobre el riesgo y la naturaleza de los incidentes, en medio de un contexto de opacidad y preguntas sin respuesta definitiva.

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