La Catedral de la Santísima Trinidad en Buenos Aires celebró el pasado jueves 29 su 90 aniversario como primada de Argentina, evento que resaltó la relevancia del misterio trinitario en la historia, la religión y la cultura del país. La iglesia, fundada en 1580 y conocida por su larga tradición, anunció que en 2024 cederá este título a la catedral de Santiago del Estero. Este aniversario invita a profundizar en la comprensión del concepto de la Trinidad y su influencia en la vida cristiana, social y política.
El artículo remite a un recorrido simbólico, comparando la reflexión teológica con un viaje en tren a toda velocidad, donde la densidad de la experiencia requiere atención y observación. Según el teólogo Josep Rovira Belloso, la revelación de la Trinidad no surge únicamente de la iniciativa de la Iglesia, sino del evento único de Jesús de Nazaret, quien manifiesta y comparte su relación con Dios Padre, revelando el misterio mediante la fe y la filiación adoptiva.
Este vínculo entre Jesús y Dios Padre, y la relación con el Espíritu Santo, sustenta la visión cristiana de que la Iglesia es una comunidad formada por quienes participan de esa comunión divina. La presencia de la Trinidad también se refleja en las acciones y sacramentos de la Iglesia, como la Eucaristía, que hace visible en la vida cotidiana la comunión con Dios y entre los creyentes.
Desde un enfoque filosófico y teológico, el análisis explica que las relaciones en la Trinidad implican un orden de interdependencia entre los conceptos de cosas, cualidades y relaciones. En la divinidad, estas relaciones son absolutas, sin carácter accidental, y muestran la infinita responsabilidad ética que conlleva reconocer en el rostro del prójimo a un hermano y un prójimo en Dios. El cuidado y respeto hacia el otro, sin reducir su identidad a categorías humanas, reflejan la imagen de la comunidad divina.
Asimismo, el artículo cita la visión de Guardini, quien afirma que la relación con la Trinidad no solo es un modelo de comunidad, sino su causa, pues en Cristo se origina la unión entre los seres humanos mediante la gracia. La Trinidad representa la 'unidad en la diversidad', inspiración para construir comunidades humanas más justas y fraternas.
Finalmente, se hace un llamado a distinguir entre la cultura del encuentro y la cultura del desencuentro, señalando que la verdadera división del mundo no radica en desigualdades económicas o diferencias ideológicas, sino en la disposición hacia el amor y la empatía hacia el prójimo. La Trinidad, como símbolo supremo de comunión y amor, invita a los creyentes y a toda comunidad a vivir en esa unidad, promoviendo una cultura basada en la fraternidad, el respeto y la responsabilidad mutua.