Pierre Sablé, un hombre de 91 años originario de Cataluña, responsable y activo en el mundo del maratón, ha confirmado su séptima paternidad, tras nacer su hija Louisa María, fruto de su relación con Aïcha, de 39 años. La llegada de la bebé, en los últimos meses, suma a una familia que ya incluye seis hijos de diferentes madres, desde que tuvo a Carole, de 60 años, con su primera pareja. Después, nacieron Julie, Corinne (que falleció), Céleste, Jeanne y ahora Louisa María, cuyos hijos varían en edades desde los siete meses hasta los 60 años.
Sablé, en declaraciones al medio francés L’Independant, explicó que su familia es un ejemplo de consentimiento mutuo y relaciones naturales, pese a la diferencia de edad con su esposa Aïcha. La relación, afirmó, es plena y en armonía, en un contexto de aceptación social y personal.
La reciente llegada de Louisa María ha paliado las preocupaciones sobre la juventud de su padre, quien afirma que no le preocupa su edad, sino que sigue disfrutando de la vida y la actividad física, que atribuye a su estilo de vida activo y saludable. Pierre corre maratones de trail en Roma, Nueva York y Los Ángeles en categorías para mayores de 80 años, además de dedicarse a la agricultura, esquiar, hacer snowboard y ciclismo. Él mismo destaca: “Hago lo que quiero y no tengo que rendir cuentas a nadie”.
Su humor característico se refleja en un mensaje dirigido a Robert de Niro, quien tuvo su hija a los 82 años, diciendo: “Te he dado una paliza. Lo siento, viejo”. Además, ha defendido la importancia de la presencia y el amor en su familia. A pesar de las dificultades en matrimonios anteriores, asegura haber tenido éxito como padre.
Aïcha, madre de Louisa María, elogió a Pierre como un padre ejemplar y buen compañero de vida. Durante estos meses, la pequeña Louisa ha recibido atención cariñosa, con Pierre compartiendo momentos como cantar canciones y darle biberones. En su etapa profesional, fue agente inmobiliario, pero ahora se dedica a la agricultura y continúa practicando maratones, promoviendo una vida plena y en libertad.
Este ejemplo demuestra que la edad no es un obstáculo para la alegría, el deporte y la familia, y destaca que la vitalidad y el amor familiar pueden trascender los límites generacionales.