El anuncio del Ejército de Liberación Nacional (ELN) acerca del presunto hallazgo de los restos del sacerdote y guerrillero Camilo Torres Restrepo ha generado diversas reacciones en Colombia. Walter Broderick, autor de su biografía, expresó dudas sobre la veracidad del descubrimiento en una entrevista con Julio Sánchez Cristo, señalando que no hay detalles concretos y que sólo dos personas conocían la ubicación del cuerpo.
Broderick afirmó que, además del general Valencia Tovar, quien falleció hace unos años, sólo el hermano de Camilo Torres, Fernando, sabía dónde había sido sepultado el religioso. Este hermano, que residía en Estados Unidos y no compartía las ideas socialistas de Camilo, habría sido contactado por Valencia Tovar para decidir qué hacer con los restos.
El biógrafo sugiere que el lugar original del enterramiento sería en Santander, donde, después de la muerte de Valencia Tovar y Fernando Torres, el cuerpo de Camilo permaneció en un mausoleo militar en Bucaramanga. Broderick también explicó que la decisión de mantener en secreto el lugar de sepultura respondedía a evitar que seguidores y ciudadanos realizaran peregrinaciones o manifestaciones en honor a Camilo Torres.
Respecto a las circunstancias de su muerte, el periodista afirmó que el sacerdote fue asesinado cuando intentaba quitarle un fusil a un militar caído en combate en 1966, y que su cuerpo, así como los de otros guerrilleros, probablemente fue entregado a sus familias. Broderick considera que el gobierno del expresidente Guillermo Valencia trató de mantener en secreto el lugar de descanso, tanto por protección como por motivos políticos.
El biógrafo recordó que, en 2017, durante la administración de Juan Manuel Santos, el gobierno prometió al ELN devolver los restos de Camilo Torres, pero esa promesa no se cumplió. Broderick asegura que la búsqueda fue planificada y que las fuerzas militares, con pistas y posibles registros en archivos del ejército en Bucaramanga, conocían la ubicación probable del cuerpo.
Finalmente, Broderick expresó que, si tuviera la oportunidad de dialogar con Camilo Torres, le ofrecería una copa de ron, reconociendo que, aunque no cree que se haya equivocado, el guerrillero cometió un error en su momento al optar por la vía armada, que finalmente le costó la vida y no resolvió los conflictos que enfrentaba.