Un estudio internacional publicado en la revista PLOS Biology revela que los recién nacidos ya tienen la capacidad de detectar y anticipar patrones rítmicos en la música, incluso antes de abrir los ojos. La investigación, liderada por la neurocientífica Roberta Bianco con participación del Instituto Italiano de Tecnología, analizó cómo responde el cerebro de bebés de entre 0 y 2 días a secuencias musicales estructuradas y alteradas.
El experimento se realizó con 49 bebés en el Hospital Universitario Szent Imre, en Budapest. Mientras dormían, los bebés escucharon piezas musicales basadas en obras de Johann Sebastian Bach en un volumen seguro, a través de auriculares adaptados. Las melodías fueron presentadas en versiones originales y modificadas: algunas con cambios en el ritmo y otras en la altura de las notas.
Durante las sesiones, se colocaron electrodos en los cabezas de los bebés para registrar la actividad cerebral con electroencefalografía (EEG), técnica no invasiva que mide las respuestas del cerebro a estímulos externos. Cada sesión duró aproximadamente 45 minutos, permitiendo la exposición a todas las versiones musicales y la obtención de datos confiables.
Los resultados mostraron que cuando el ritmo de la música se alteraba inesperadamente, el cerebro de los bebés respondía con una reacción conocida como respuesta de sorpresa neural, indicando que tenían expectativas previas sobre el patrón rítmico. En cambio, cambios en la melodía, como la altura de las notas, no generaron respuestas similares. Las respuestas también faltaron cuando las piezas carecían de una estructura rítmica coherente.
Este hallazgo sugiere que la percepción del ritmo está presente desde el nacimiento, basada en una predisposición biológica, mientras que la comprensión melódica requiere maduración cerebral y experiencia. La capacidad de detectar irregularidades estadísticas en el tiempo indica que los bebés ya están preparados para captar patrones temporales en el entorno sonoro.
El equipo utilizó modelos computacionales para analizar cuánta "sorpresa" generaba cada nota, concluyendo que el cerebro neonatal está organizado principalmente en torno al ritmo y la estructura temporal, en lugar de la altura musical. Además, comparaciones con investigaciones en monos rhesus mostraron que la sensibilidad al ritmo tiene raíces evolutivas antiguas, mientras que la anticipación de melodías complejas parece ser exclusiva de los humanos adultos.
Estos resultados refuerzan la idea de que la percepción melódica se desarrolla progresivamente a través de la experiencia y el aprendizaje cultural. La investigación también descartó que esta habilidad se adquiera mediante la exposición prenatal, sugiriendo que el reconocimiento de patrones rítmicos es una capacidad automática innata desde el nacimiento.
El estudio abre nuevas líneas en neurodesarrollo y educación musical temprana, pues si el ritmo es una base biológica, puede usarse para estimular el desarrollo cognitivo en edades tempranas y detectar de manera precoz posibles dificultades auditivas o del habla. Mientras la percepción de la melodía se desarrolla con el tiempo, el ritmo resulta ser una función integrada naturalmente en los primeros días de vida, marcando una frontera importante en cómo el cerebro organiza el mundo sonoro incluso antes de que el bebé tenga conciencia de ello.