El Día de la Candelaria, fecha que marca una tradición importante en México, se caracteriza por el consumo de tamales y bebidas típicas, entre las que destaca el atole de pinole como uno de los más representativos en desayunos familiares. Esta bebida, con raíces prehispánicas, se prepara con pinole —maíz tostado y molido— acompañado de piloncillo y canela, ingredientes que aportan un sabor característico a la bebida. La receta tradicional, sencilla y de fácil ejecución, es un símbolo de la identidad culinaria mexicana y se ha adaptado a distintas regiones del país.
Para preparar el atole de pinole, se requiere disolver el pinole en agua, calentar leche con canela y piloncillo, y combinar ambos ingredientes, cocinando a fuego lento hasta obtener una textura espesa que recuerda al maíz tostado y aromas a canela. La bebida, que se sirve caliente, suele acompañar los tamales y forma parte de las meriendas y desayunos en muchas comunidades mexicanas.
Los pasos para su elaboración son: disolver el pinole en agua, calentar leche con canela y piloncillo, retirar la canela cuando la leche hierva suavemente, agregar el pinole disuelto en la leche y cocinar durante 10 minutos, hasta que la mezcla espese. Finalmente, se ajusta el dulzor y se sirve caliente. Aunque requiere atención y precisión en la cocina para lograr una textura adecuada, su preparación resulta sencilla y práctica.
El atole de pinole no solo es nutritivo y energizante, sino que también mantiene viva una tradición que conecta a las familias mexicanas con sus raíces culturales. Además, su consumo en festividades como el Día de la Candelaria refuerza la importancia de preservar las recetas tradicionales y el valor del maíz en la gastronomía nacional, consolidándose como un símbolo de identidad y patrimonio en México.