Asumir el poder en Honduras; desafíos económicos y políticos para Nasry Asfura según EMFI

15/02/2026 22:00 | 3 min de lectura

Asumir el poder en Honduras; desafíos económicos y políticos para Nasry Asfura según EMFI

La toma de posesión de Nasry Asfura como presidente de Honduras el 27 de enero marcó el fin de un proceso electoral conflictivo y reconfiguró el escenario político del país. En medio de un contexto de perspectivas económicas en recuperación y riesgos inflacionarios, un informe de Emerging Finance (EMFI) analiza los principales retos del nuevo mandato.

La transición fue marcada por controversias, protestas y incidentes violentos, incluido un ataque en el Congreso. La ajustada victoria, con una diferencia de solo 1.3 puntos porcentuales y aproximadamente 40 mil votos, generó cierta inestabilidad sin afectar las instituciones. La presencia y respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue clave para garantizar el reconocimiento internacional del resultado, además de invitaciones presidenciales para una cumbre en la Casa Blanca programada para marzo.

El informe del 10 de febrero señala que esta transición permitió reanudar la colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI), suspendida antes de los comicios por precaución. La próxima misión del FMI, prevista para este mes, se centrará en verificar el cumplimiento de metas fiscales y monetarias, así como en explorar nuevas líneas de financiamiento.

Durante el proceso electoral, Honduras retuvo un desembolso de 120 millones de dólares, en su mayoría por razones políticas. La economía del país cumplió los principales criterios cuantitativos establecidos, incluyendo reservas internacionales que superaron los 10 mil millones de dólares, por encima del mínimo establecido. Sin embargo, el gasto social no alcanzó los niveles pactados, evidenciando dificultades de ejecución que exponen áreas críticas para el nuevo gobierno, especialmente en el sector eléctrico, donde las pérdidas de la ENEE continúan generando riesgos estructurales.

Uno de los mayores desafíos del gobierno de Asfura será impulsar reformas legislativas. El Partido Nacional, que lo respalda, cuenta con 48 de los 128 escaños en el Congreso, siendo insuficiente para aprobar reformas importantes sin alianzas. El Partido Liberal, con 44 escaños y liderado por Salvador Nasralla, puede sumar 92 votos en coalición, siendo clave para avanzar en iniciativas relacionadas con gobernanza fiscal y sector eléctrico, siempre que se mantenga el respaldo al acuerdo con el FMI.

Desde el punto de vista económico, Honduras creció un 3.4% en el tercer trimestre de 2025, desacelerando desde un 3.9%, pero con expectativas de expansión para 2026. La inflación cerró en 5%, tocando el límite superior establecido por el Banco Central, aunque indicadores de mayor favorabilidad en octubre y noviembre sugieren mejores perspectivas.

El entorno externo también favorece el panorama: la balanza por cuenta corriente registró un superávit de 170 millones de dólares en el tercer trimestre, impulsado por exportaciones y remesas. La proximidad política con Estados Unidos podría facilitar negociaciones bilaterales en materia arancelaria, beneficiando la competitividad de las exportaciones hondureñas.

En los mercados internacionales, la percepción ha sido positiva. Los bonos de Honduras, especialmente el de vencimiento en 2034, alcanzaron máximos históricos tras disiparse la incertidumbre postelectoral, con rendimientos en descenso y recomendaciones de mantener las inversiones. La alianza legislativa entre el Partido Nacional y el Partido Liberal facilitará refinanciamientos y reducirá riesgos de gestión.

Para el período 2026-2029, las expectativas apuntan a financiamiento mayoritariamente proveniente de organismos multilaterales y acuerdos bilaterales, con la posibilidad de emitir eurobonos para necesidades específicas. Aunque la disciplina fiscal se ha mantenido, desafíos estructurales como el gasto rígido, la alta pobreza, la dependencia de remesas (que representan cerca del 30% del PIB) y debilidades institucionales limitan la calificación soberana a corto plazo.

Las reformas estructurales avanzarán lentamente, con riesgo de retrocesos en escenarios de mayor fragmentación internacional o disminución de la inversión extranjera. Los mercados se muestran cautelosos, valorando la estabilidad alcanzada pero reconociendo que el potencial de mejora aún es limitado a corto plazo.

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