Las recientes elecciones en Japón, Tailandia y Bangladesh reflejan una tendencia hacia el fortalecimiento del nacionalismo y el liderazgo de partidos de centro derecha en la región, en un contexto de tensiones regionales y búsqueda de estabilidad política.
En Japón, el Partido Liberal Democrático (PLD), liderado por Sanae Takaichi, obtuvo 325 diputados en los comicios de octubre de 2025, logrando una mayoría absoluta y la capacidad de gobernar sin coaliciones. Takaichi, quien asumió la Primera Ministra en diciembre del mismo año, se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo en Japón. Su victoria además marca un giro hacia una política que busca revitalizar la percepción de Japón como nación con peso internacional, fortaleciendo su alianza con Estados Unidos y participando en el Quad junto a India, Estados Unidos y Australia. Este movimiento surge en un contexto de confrontación con China, que bajo el liderazgo de Xi Jinping, incita el nacionalismo mediante el uso del pasado histórico, contrastando con la política de apertura y cooperación propia del expresidente Deng Xiaoping.
En Tailandia, el partido del Primer Ministro Anutin Charnvirakul, Bhumjaithai, logró una victoria significativa con 196 de los 500 escaños, superando a los partidos tradicionales como Pheu Thai y el Partido del Pueblo. La elección vino acompañada por un discurso nacionalista, en medio de enfrentamientos recientes con Camboya y un programa de estímulo económico para revitalizar el turismo y la economía afectada por la reducción de turistas chinos y los aranceles estadounidenses. Es la primera vez en 20 años que un partido con apoyo de la realeza recibe un respaldo tan claro, lo que indica un retorno a las políticas tradicionales y una posible reafirmación del papel de la monarquía en la política nacional.
Por su parte, Bangladesh vivió sus comicios el pasado 12 de febrero, en los cuales el Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP), liderado por Tarique Rahman, triunfó con 212 escaños frente a los 77 de Jamaat-e-Islami, en un contexto de reformas tras la Revolución de Julio de 2024, que derivó en un gobierno interino encabezado por Muhammad Yunus. A pesar de la inestabilidad derivada del levantamiento estudiantil, los resultados evidencian un respaldo fuerte a los partidos que promueven una visión nacionalista y apertura económica, alejados del extremismo religioso.
Estos resultados electorales ilustran una tendencia regional donde la prioridad por la estabilidad, la recuperación del protagonismo nacional y la resistencia frente a las presiones externas, como las reclamaciones territoriales en el Mar de la China Meridional, las amenazas de Corea del Norte, la inestabilidad en Myanmar, y los conflictos entre India, Pakistán y Afganistán, predominan en las decisiones de los electores. La región enfrenta desafíos complejos que motivan a los países a fortalecer sus liderazgos internos y sus políticas de defensa, en un escenario donde el nacionalismo actúa como un elemento unificador frente a las tensiones internacionales.