
Alejandra Vázquez Sánchez, de 26 años, creció ayudando en el negocio familiar dedicado a la venta de tortillas, gorditas y quesadillas elaboradas a mano, que ofrecen en un puesto ubicado entre San Lorenzo Coacalco y San Miguel Totocuitlapilco, en Metepec.
Aunque las ganancias no son elevadas, los cinco miembros de la familia consideran este oficio una labor de dedicación, cariño y compromiso, con el objetivo de ofrecer una alimentación nutritiva a la comunidad.
Sobre la importancia del maíz nativo y la preparación artesanal, Alejandra, conocida como Ale por su familia, explica:
‘A veces creen que la tortilla blanca es mejor y que sólo es maíz molido, pero no es así; incluso a la masa industrial le agregan químicos o harina para aumentar la producción y obtener el color característico. Nosotros cocemos el maíz y lo molimos para garantizar que nuestras tortillas, gorditas y quesadillas sean de maíz de verdad’.
El proceso inicia por las tardes, con la compra del maíz, su cocción con cal y la preparación de los guisados que se ofrecen a los clientes, entre los cuales se encuentran papas con chorizo, setas, champiñones, tinga de pollo y res, salchichas a la mexicana, mole verde, requesón, chicharrón de moronitas y prensado.
Cinco integrantes de la familia participan en toda la elaboración, con al menos cuatro mujeres trabajando jornadas de más de 12 horas.
Alejandra asegura que, aunque algunos clientes prefieren tortillas blancas o azules, las hechas a mano siempre son las favoritas por su sabor natural y tradicional.
A pesar de que las jornadas exceden las 10 horas diarias, las ganancias son limitadas. Ale comenta:
‘Recuperamos lo invertido y obtenemos un poco más, pero no mucho. La materia prima y el gas para el comal están caros, y los precios no siempre son bien valorados por los clientes. Muchos no comprenden el esfuerzo que hay detrás de nuestra comida, las horas sin dormir, el transporte y el tiempo fuera de casa’.