La misión Artemis II de la NASA, prevista para mediados de 2026, representa un paso crucial en la exploración lunar, al enviar a una tripulación en un vuelo alrededor de la Luna. Con un lanzamiento inicialmente programado para el 8 de febrero de ese año en Florida, la misión busca probar tecnología y resistencia humana en condiciones adversas, sirviendo como preparación para su objetivo final: el alunizaje humano con Artemis III.
El proyecto, que incluye ensayos críticos realizados en el Centro Espacial Kennedy, enfrenta múltiples desafíos y riesgos que van más allá de la simple operación de la nave espacial. Entre los obstáculos más significativos se encuentra la radiación espacial, uno de los principales peligros para los astronautas que abandonan la protección de la magnetosfera terrestre. La radiación, proveniente de cinturones de Van Allen, tormentas solares y rayos cósmicos galácticos, puede causar daños en el ADN, aumentar el riesgo de cáncer y provocar enfermedades cardiovasculares.
De acuerdo con testimonios de tripulantes como Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense, los efectos a largo plazo de la radiación aún no son completamente conocidos, pero representan una preocupación sustancial. La nave Orion, diseñada con refugios y chalecos protectores, ofrece cierta protección, aunque la eficacia contra los rayos cósmicos sigue siendo limitada.
Adicionalmente, la seguridad técnica de la misión ha sido objeto de atención, especialmente tras la identificación de fallos en el escudo térmico de la cápsula Orion durante pruebas previas. La NASA ha ajustado la trayectoria de reentrada para evitar desprendimientos en futuras reentradas atmosféricas, sin rediseñar completamente la protección.
El entorno espacial presenta otros riesgos para la salud física y mental de los astronautas, como la pérdida de masa ósea y muscular, alteraciones inmunológicas, problemas de visión y trastornos emocionales relacionados con el aislamiento y la distancia. La exposición a radiación durante los vuelos espaciales puede equipararse a dosis altas de radioterapia, aumentando riesgos de enfermedades degenerativas.
Por estos motivos, la NASA ha desarrollado diversas estrategias, incluyendo chalecos protectores y protocolos de emergencia, para mitigar los efectos de la radiación. La misión también enfrentará desafíos en comunicaciones, con posibles cortes de hasta 41 minutos al pasar detrás de la Luna, lo que limita la asistencia y coordinación en emergencias.
Expertos como Aleksandra Stankovic han señalado que la radiación constituye la principal limitación para la exploración humana del sistema solar, reforzando la necesidad de innovaciones en protección. La agencia espacial estadounidense y la comunidad científica continúan trabajando en soluciones para garantizar la seguridad de los astronautas en misiones cada vez más largas y complejas, frente a los riesgos físicos, psicológicos y técnicos que implica explorar más allá de nuestro planeta.